España se prepara para superar metálico con los bonos que vende a 10 primaveras | Mercados



España está a punto de entrar en el selecto club de países que ganan metálico por acoger préstamos a 10 primaveras. El interés del bono a este plazo marcó un minúsculo histórico en el 0,03% en el mercado secundario la semana pasada, y se prevé que en las subastas de septiembre el Caudal pueda incluso hacer negocio con estas emisiones. Todo dependerá de si las decisiones que adopte el BCE en su esperada reunión del día 12 del mes próximo son tan drásticas como el mercado anticipa.

El miedo a la recesión tiene un inesperado flanco positivo para los países soberanos que mantienen la confianza de los inversores. Estos se han atrevido a comprar deuda de países con calificación triple A, como Suiza, Alemania u Holanda. La rentabilidad de su deuda a una plazo está en pesimista desde hace tiempo, en algunos casos con rentabilidades inferiores al -1%.

La novedad ahora es que la avidez por el papel soberano de países con capacidad de honrar, al menos teóricamente, sus deudas es de tal magnitud que incluso economías que en su día fueron rescatadas frente a las dificultades para hacer frente a sus vencimientos, como Irlanda, igualmente tienen la deuda a ese plazo mítico en pesimista. Las emisiones que realizará el Tigre Celta hasta 10 primaveras serán, si el panorama se mantiene en esta tendencia, en pesimista, como lleva haciendo Alemania desde el pasado mes de marzo.

Los síntomas de maltrato crematístico que planean por toda Europa, en el que el decrecimiento germano del 0,1% en el segundo trimestre es la gran alerta roja y que llevarán aparejada la gala del BCE, están teniendo un emoción secundario muy peculiar. Países con una ratio de endeudamiento elevada, como España, que tiene un pasivo conocido de 1,2 billones de euros –es proponer, casi su PIB anual completo–, cuentan con un incentivo para seguir endeudándose. Las cursivas son necesarias porque, en última instancia, no solo no se pagará por ese pasivo, sino que se cobrará por él. En síntesis, el mercado de deuda está en una situación tan extraña que, cuanto más se emite, más se ahorra.

Todavía está por ver si el Caudal gachupin logra traicionar deuda a 10 primaveras en el mercado primario con rentabilidad negativa. Mañana colocará literatura a tres y nueve meses y, por supuesto, ganará metálico con ellas. Pero aquí no hay nota: lleva haciéndolo desde el mes de abril de 2015, y desde entonces ha colocado cerca de 400.000 millones.

Desde esa término, la deuda a corto plazo española ofrece rentabilidades negativas. En las literatura, los compradores pagan por encima del nominativo y reciben menos de lo abonado en la amortización. La última expulsión a 12 meses, efectuada el pasado 13 de agosto, se hizo al 100,5% sobre el nominativo, y en un año el Caudal devolverá solo el 100%, de ahí que la rentabilidad sea negativa en un 0,5%.

La proeza de colocar en el mercado primario con rentabilidades negativas a grande plazo está más que conseguida. Por otra parte de varias emisiones a cinco primaveras, el Caudal colocó el 4 de julio bonos a seis primaveras y diez meses en una subasta en la que los compradores se anotarán una pérdida media del 0,1%. Cierto es que el cupón se mantiene en positivo, puesto que el Caudal pagará un 1,95% anual hasta el vencimiento, pero en esa término los inversores recibirán el 100% del nominativo, cuando ellos pagaron el 114,4%. Sucederá, por lo tanto, igual que lo que ya ocurre con las literatura, con el matiz de que en este caso el organismo de financiación del Estado no se librará de ir pagando religiosamente los intereses.

En las últimas convocatorias, el Caudal ha puesto a la traspaso dos bonos con vencimientos en el entorno de los 10 primaveras. Uno expira en julio de 2030, y otro en octubre de 2029. Las próximas emisiones de bonos y obligaciones que pueden incluir alguna de las referencias a 10 primaveras se efectuarán los próximo días 5 y 19 de septiembre.

El mes pasado, en pesimista

Las últimas estadísticas del Caudal revelan que en julio, por primera vez en la historia, el tipo de interés medio verdadero de las emisiones españolas efectuadas a lo grande de un mes fueron negativas. De media, los compradores pagarán un 0,092%. Esto ha rebajado el tipo de interés de la deuda soberana en circulación hasta el 2,293%, lo que supone un nuevo minúsculo histórico. La vida media de la deuda, por su parte, se sitúa en 7,59 primaveras; un nivel nunca conocido, en este caso, por lo elevado.

La logística de financiación del Caudal para este año prevé una expulsión neta de 30.000 millones de euros, y a obturación de julio ya había conseguido 16.730. En enero, esperaba que se situara en 35.000 millones, 5.000 millones de euros por debajo de la previsión original para 2018. Pero en abril la volvió a revisar a la pérdida, con 5.000 millones menos. Lo ha hecho precisamente por los bajos tipos de interés y por la envés al mercado de varias comunidades autónomas, que han escaso las deposición de financiación estatal.

Está por ver si la ministra de Riqueza, Nadia Calviño, da una nueva envés de tuerca a los planes en el inicio del curso político. Una posibilidad es que, pese que cuente con beneficio, no vuelva a deducir el objetivo de expulsión, para que el Caudal tiro partido del privilegiado entorno y se blinde para el futuro.

El capital superará de grande los 1.000 millones este año

Menos intereses. Las previsiones de los nonatos Presupuestos Generales del Estado para 2019 incluían el suscripción de 31.398 millones de euros en intereses, un 0,5% menos que el año pasado. El Empleo de Riqueza anunció a mediados de julio que “la reducción en el coste medio de la deuda […] así como las menores deposición de financiación están permitiendo en 2019 un capital de 548 millones de euros en el suscripción de intereses de la deuda”. Los expertos consultados señalan que la tendencia se acelerará en lo que queda de gimnasia frente a la reducción generalizada de los tipos de interés y que previsiblemente el capital en el conjunto del gimnasia superará con holgura los 1.000 millones de euros. El objetivo del Gobierno es ceñir la ratio de deuda pública respecto al PIB este año desde el 97,1% en el que cerró 2018 al 95,8% previsto en el Software de Estabilidad para 2019. Si reduce el objetivo de expulsión, ahora en 30.000 millones en términos netos (una vez restados los vencimientos), mejorará esta ratio, pero el país no sacaría tanto partido del flagrante entorno de tipos de interés.



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