Una empresa sostenida con un flotador | Posesiones


Las redes sociales se consideran un buen apoyo para el comercio, pero pocas empresas las utilizan como su principal plataforma de venta. Eso es precisamente lo que hace Flamingueo, una start up valenciana que ofrece productos de tendencia enfocados en la engendramiento Z aprovechando su inclinación por los “me gusta”. “Nuestros productos invitan a los usuarios a sacarse fotos y colgarlas en las redes sociales. Satisfacemos una penuria de crear contenido”, afirma Emilio Peña, mentor delegado de la compañía.

Todo empezó con unos flotadores con forma de flamencos. El valenciano, de 26 primaveras, había trillado este producto de moda en Australia y se dio cuenta que muchos de los comentarios positivos en las redes procedían de España. Contactó con quienes serían sus futuros socios, Jacinto Cleta y Pablo Niñoles, dos ingenieros de 27 y 28 primaveras respectivamente, que al igual que Peña se encontraban estudiando en Edem, Escuela de negocios. Este no era el primer plan en el que se involucraban Cleta y Niñoles y su confianza en el tesina no era la misma que la de Peña, que se estrenaba en el mundo empresarial. Aún así decidieron ayudar al valenciano con su página web y contra todo pronóstico empezaron a percibir pedidos desde el primer día.

Durante el primer verano vendieron cerca de 1.000 flotadores, pero al terminar la temporada de calor llegó el dilema. Podían padecer los flotadores al hemisferio sur o adaptarse y cambiar de producto. “Nos paramos a pensar por qué el flotador había cubo tan buen resultado y nos dimos cuenta que era un artículo con el que la clan se hacía fotos, pesaba poco, era viable de transportar, no tenía tallas, etc. Entonces pensamos: ¿Por qué no intentamos encontrar productos parecidos para vendérselos a la misma comunidad que ya hemos creado?”. Fue así como decidieron expandir su ofrecimiento con poco más exitoso que los flotadores: una cobertor con forma de rabo de sirena.

En esta ocasión fueron Cleta y Niñoles quienes tiraron del carro, porque Peña estaba convencido de que en agosto sería impracticable entregar poco así. “El primer día que la lanzamos, vendimos una en Cádiz, que había estado a 40 grados. Ahí nos dimos cuenta que lo que nosotros opinábamos no importaba cero, que teníamos que probar y dejar que el cliente decidiese”, admite el mentor delegado. En 2017 se concentraron en refrescar los modelos de flotadores y mantas y ya en 2018 se lanzaron a nuevos productos. El definitivo brinco, sin confiscación, lo realizaron a principios de este año: con la ayuda de un software propio publicitan un artículo cada semana.

Una empresa sostenida con un flotador

Sus productos vienen de China. “Da mucha pena, pero es más sencillo encontrar proveedores allí”, explica el mentor delegado. “Si tuviéramos un solo producto tal vez podríamos hacerlo aquí, pero son artículos cambiantes y queremos probar con pocas cantidades”, apunta.

Con ocho trabajadores, Flamingueo registró en año pasado una facturación de 553.000 euros según las cuentas depositadas en el Registro Mercantil, y unas pérdidas cercanas a 41.000 euros. Sin confiscación no les faltan apoyos. Tras ocurrir por el software de velocidad Lanzadera impulsado por el presidente de Mercadona, Juan Roig, el propio patrón invirtió 150.000 euros el pasado junio desde su sociedad Angels, a los que sumaron 100.000 del Camarilla Zriser. “Que clan tan importante invierta en nosotros es una recarga de energía”, sonríe Peña.

Por ahora la compañía sólo realiza ventas online a través de Amazon y de su página web, pero desde finales de este año los emprendedores quieren sorprender a sus seguidores con tiendas pop-up en las principales ciudades. “Nos gustaría crear un concepto efímero. Una tienda existente, pero que a los tres meses desaparezca”, cuenta el mentor delegado. “Las tiendas tradicionales tienen el desafío de ocurrir al mundo online y nosotros tenemos el grandísimo desafío de ocurrir del online al mundo tradicional”, añade.



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