¿Qué será diferente en la próxima recesión? | Hacienda



Se lleva mucho tiempo hablando de la próxima recesión a las dos orillas del Atlántico. Lo que siempre ha sido un momento duro pero asumido cíclicamente se observa ahora con un temor demasiado inquietante. La última crisis ha dejado una huella tan profunda, que parece que una interrupción de la recuperación económica traería demasiados expresiones. Traducido en lengua crematístico: un paso a espaldas en la recuperación de hacienda social, más desconfianza en las instituciones y desánimo para las generaciones más tocadas por la gran desastre de hace una lapso. Parece incluso que los bancos centrales, acullá de responsabilizarse con todas sus consecuencias el ineludible comportamiento cíclico de la capital, siguen en primera cadena del frente dándolo todo para que el temporalizador no se pare. Con suerte, hará desidia otro período de recuperación posterior a la corrección que ahora se demora, para completar el necesario desenganche del chorro de facilidades monetarias y de la solvencia inmensa. Si no funcionan como se esperan las medidas monetarias, lo único que se logrará es postergar esa recesión o desaceleración intensa.

Así que lo primero que parece diferente en la corrección que ahora se aproxima es un miedo excesivo en presencia de la misma, tal vez porque se pensaba que se llegaría aquí luego de una época expansiva acompañada de inflación y de mayores índices de cohesión social. Esto supondría que ayer de afrontar una proceso recesivo auténtico se habría pasado por uno expansivo auténtico. No ha sido así. Habrá diferentes calificativos según la geogonia, pasando por lugares donde habrá recesión técnica (dos trimestres de variación negativa del PIB), otros donde será más prolongada y otros donde la producción agregada se estanque o corrija significativamente. El momento igualmente será variable. Por ejemplo, un país como Reino Unido se podría ver en recesión en el tercer trimestre y otros podrán entrar más delante.

La duración de este tránsito imagen va a someterse mucho más que en otras ocasiones de cuestiones de índole política. Como muestra, será la diplomacia la que determine cuánto afectará el Brexit. Incluso si la contienda entre EE UU y China deviene en desavenencia total, situación en la cual todos perderemos, incluidos los dos gigantes. Asimismo, podría coincidir con una corrección financiera y una cambiaria. Todo esto ha sucedido en el pasado pero no con un entorno monetario desconocido, donde los tenedores de deuda son cantidad y los vaivenes en la misma parecen asegurados. De hecho, la excepcionalidad de la recesión que viene puede tener que ver con que se vuelve a poner a prueba cuán elástica es la política monetaria del siglo XXI y qué papel jugarán otras políticas como la fiscal y las reformas. La legitimidad señalaría que allí donde la deuda es estrecha y hay capacidad de consumición (Alemania) tendría que sobrevenir estímulos fiscales. Que allí donde hay posibilidades de cerrar acuerdos en presencia de retos políticos, territoriales y reformistas se hiciera (España) y que conviene huir del colección populista destructivo (Italia). En teoría debería ser así, pero no es lo que estamos observando.



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