McAfee: “No podemos gravitar nuestro maniquí en la industrialización y el combustible” | Talento


La búsqueda de respuestas a los grandes interrogantes sobre la tecnología. Este era uno de los anhelos de los directores ejecutivos que coparon el foro CEO Digital Business Summit, organizado por la escuela de negocios ESIC. Mucha corbata y mucho traje de altos cargos, pero casi ninguna mujer, para hallar alguna certeza al cambio empresarial que ha supuesto la digitalización. Uno de esos oráculos a los que mirar durante la intervención fue Andrew McAfee, codirector de la iniciativa MIT sobre riqueza digital. Pocos rodeos dio a la hora de editar su mensaje más recurrente en los 15 minutos que tomó la palabra: “La inteligencia químico es de esas tecnologías que cambian la historia de la humanidad, al igual que sucedió en los siglos pasados con la máquina de vapor y la electricidad”.

Puesta la primera piedra del debate, tocaba el momento de convencer a los asistentes de que la senda por recorrer para sus empresas tenía que ser esta. McAfee explicó que, si bien es cierto que la inteligencia artificial se había revestido de grandes promesas, muchas incumplidas, ahora el machine learning mostraba su crecimiento escalonado y exponencial. “Perfeccionamiento los procesos más rápido que cualquier otra tecnología, sirve para la creación y aplicación de múltiples tareas y cambia el maniquí crematístico”, argumentó. Su defensa férrea dejó escasos peros por el camino. El más reseñable, por separado de recapacitar a la audiencia que subestimamos su capacidad de transformación, tiene nombre de país y es China. “Llevan la preeminencia y este puede ser su siglo. No sé si será verdad, aunque espero que no”, deseó.

En medio del monopolio discursivo sobre el estudios necesario, César Cernuda, presidente de Microsoft Latinoamérica, intentó aportar algunas claves del porqué delante tanto hype. En su opinión, el auge de la inteligencia químico tiene relación directa con el boom de los datos y de los algoritmos. Causa y emoción, básicamente. “Antiguamente era costoso obtenerlos, almacenarlos, y procesarlos. Esto ha cambiado por completo gracias a internet, la computación en la nubarrón y este tipo de innovaciones”, añadió. Cernuda apeló a que todas las organizaciones se deshagan de cualquier miedo delante esta transformación. Tal y como precisó, la inteligencia químico la utilizamos a diario, ya sea con simples búsquedas en Google o llamando a Alexa, y solo hay que analizar en naturalizarla lo mayor posible.

McAfee volvió a la carga con todo lo que, con anterioridad, nos jugamos como sociedad en el siglo XXI si damos la espalda a la inteligencia químico y otras nuevas tecnologías. “No podemos gravitar el maniquí de riqueza en la industrialización y el combustible. La innovación es el camino para que todo el mundo tenga esa mejor vida y prosperidad que quiere”, aseguró. Sin alcanzar al catastrofismo, planteó que el futuro de miles de millones de habitantes poco más que dependerá de la adaptación a esta nueva realidad. “Unos sobrevivirán y avanzarán y otro, no; pero lo que no podemos permitirnos es que la gran mayoría se quede detrás”, zanjó. Provocación o no mediante, y con un toque darwinista, McAfee no escatimó palabra alguna en su predicción de futuro. 

Dosis de humanismo delante tanta tecnología

Entre tanta tecnología, Eduardo Gómez Martín, director militar de ESIC, incorporó cierta dosis de humanismo al debate. A la par que aseguró que las compañías están tambaleándose por el cambio de molde crematístico y empresarial propiciado por la digitalización, sus palabras pusieron en valencia al ser humano. “¿Queremos dejar todo en manos de algoritmos? ¿No sería mejor conocernos mejor en vez de que lo haga una máquina por nosotros?”, se preguntó. No fueron meras preguntas retóricas. Las contestó con una firme defensa del humanismo. “Hay que sacar lo natural del hombre, como los sentimientos, la belleza y la creatividad, y mezclarlos con la tecnología. ¡Que no nos engañen! Innovación no es contraria a humanidad”, exclamó.

Con la inteligencia químico en un segundo plano, Gómez también centró parte de su alegato humanista en los cambios producidos en el liderazgo. Desechó los tiempos de los grandes motivadores por otros en los que ha de imperar la humildad. Aquellos que cuentan con corazón, vestido y hermandad. “El éxito está sobrevalorado. Esto es lo que se está imponiendo en las organizaciones. Los jóvenes deben apañarse un nuevo rol como este”, apuntó. Pequeños retazos en los que la transformación juega un papel trascendental. No solo de técnica viven las empresas, aunque el director militar de ESIC es consciente de que los grandes retos que afrontarán las compañías guardan una relación directa con las disrupciones tecnológicas, independientemente del ámbito a la que afecten.

Los mensajes fueron lo suficientemente claros como para no conservar muchas dudas del presente y futuro que le aguardan a las organizaciones. Cernuda pidió evitar el conformismo y caer en un vicio tan humano como la inquina al cambio. “El gran problema sería decirnos a nosotros mismos que esto no va a acaecer cuando ya es más que un hecho”, advirtió.



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